Un banquete aristotélico
1/01. Tomás Zurcidor, bachiller de Teología formado , aunque indigno, saluda al superexcelente, como también cientifiquísimo varón don Ordoño Gracio de Deventer, poeta, orador y filósofo, como también teólogo, y más si quisiere.
Pues que (como dice Aristóteles) ‘dudar de cada cosa en particular no es inútil’, y en el Eclesiastés (1: 13) se lee: me propuse en mi corazón investigar cuanto hay bajo el sol; por lo mismo yo me he propuesto plantear a usía una cuestión para mí dudosa. Mas por delante protesto por Dios santo que no quiero tentar a Vuestra Señoría o Venerabilidad; sino que deseo cordial y afectuosamente que me instruyáis sobre la duda. Pues escrito está en el Evangelio: No tentarás al Señor Dios tuyo (Mat. 4: 7). Porque, como dice Salomón, de Dios viene toda sabiduría Ecli 1: 1). Ahora bien, vos me disteis toda la ciencia que tengo, y toda ciencia buena es origen de sabiduría; ergo vos sois para mí en cierto modo Dios, pues me disteis el principio de la sabiduría, hablando en poeta.
Pues bien, he aquí el origen de la cuestión. Hace poco hubo aquí un banquete de Aristóteles, y los doctores, licenciados, como también los maestros estuvieron muy alegres (yo también asistí); y bebimos al primer plato tres tragos de malvasía, y de entrada nos servimos bollos de sémola e hicimos migas. Luego tuvimos seis platos de carnes y gallinas y capones, y uno de pescados. Y procediendo de un plato a otro, bebimos a discreción vino de Kotzburgo, del Rin, y cerveza de Embeck, como también de Torgau y de Neuburgo. Los maestros quedaron satisfechos, y dijeron que los señores maestros noveles se habían despachado bien y con sobresaliente.
Y ya hilarificados los maestros, en su jerga técnica, abordaron grandes cuestiones. Preguntó uno si se debe decir ‘maestro nostrando’ o ‘nuestro maestrando’, para designar a la persona apta nata para doctorarse en Teología. Como al presente lo es en Colonia el melifluo padre fray Teodorico de Gouda, del orden de carmelitas, venerandísimo legado de la alma Universidad Coloniense, providentísimo artista, filósofo, argumentador y teólogo supereminente.
Al punto respondió el maestro Warmsemmel, mi paisano, que es un escotista sutilísimo y con dieciocho años de magisterio; en su tiempo por dos veces rechazado para el grado magistral y a la tercera impedido; con todo, él insistió, hasta que fue promovido, por el honor de la Universidad. Un tipo que se desenvuelve bien, y tiene muchos discípulos chicos y grandes, viejos y más mozos (Salmo 148: 12). El cual con gran madurez dijo y sostuvo que se debe decir ‘nuestromaestrando’, como una sola palabra, ya que maestrar significa hacer maestro, como bachillerar hacer bachiller, y doctorar hacer doctor; de donde vienen los términos maestrando, bachillerando y doctorando. Ahora bien, los doctores en sagrada Teología no se llaman doctores a secas, sino que por humildad y santidad, y por diferencia, se nombran o llaman mastrosnostros, porque en la fe católica hacen las veces de Nuestro Señor Jesucristo, la fuente de vida. Es así que Cristo fue nuestro Maestro común. Ergo ellos se llaman nuestros maestros, cuyo cometido es instruirnos en la vía de la verdad, y Dios es la verdad (cfr. Juan 14: 6); por lo que con razón se llaman mastrosnostros, porque todos nosotros, a saber los cristianos, debemos y somos obligados de oír su predicación, y ninguno debe hablar contra ellos, dado que son nuestros maestros comunes. Es así que nostro, -tras, -trare no está en uso, ni se lee en el vocabulario Exquo, ni en el Catolicón, ni en el Brevílocuo, ni en el Gema de gemas, y eso que tiene muchas voces. Ergo debemos decir nuestro maestrando, y no maestronostrando.
Entonces el maestro Andrés Delitzsch, que es muy sutil, poeta en parte, en parte artista, médico y jurista, y ya lee de ordinario a Ovidio en la Metamorfosi, exponiendo todas las fábulas alegórica y literalmente (que yo he sido oyente suyo, porque explica con mucho fundamento); como también lee en su casa a Quintiliano y a Juvenco; pues bien, este llevó la contraria al maestro Warmsemmel, diciendo que debemos decir maestronostrando. Porque así como hay diferencia entre ‘mastronostro’ y ‘nuestro maestro’, también la hay entre ‘mastronostro nostrando’ y ‘nuestro maestrando’. Porque mastronostro se llama el doctor en Teología, y es una sola palabra, mientras que nuestro maestro son dos palabras, y se toma por cualquier maestro en cualquiera ciencia liberal, o mecánica manual, o intelectual. Y el que nostro -tras -trare no se use no es óbice, pues podemos inventar nuevas voces. Y citó a Horacio en apoyo (Ad Pisones, vv. 46 y sigs.).
Entonces los maestros mucho admiraron su sutileza, y uno le ofreció un jarro de cerveza neoburguesa. El dijo: «Yo prefiero esperar, pero disculpéisme». Y tocándose el birrete , con risa alegre lo brindó al maestro Warmsemmel diciendo: «Ea, señor Maestro, no penséis que os quiero mal». Y lo apuró en un respiro. El maestro Warmsemmel le respondió bravamente, por la honra de los silesianos. Todos los maestros estuvieron alegres, y luego tocaron a vísperas.
Por lo cual ruego a Vuecencia queráis exponerme vuestro parecer, pues vos sois muy profundo. Así yo de momento me dije: «Maestro Ordoño me escribirá la verdad, pues fue mi preceptor en Deventer cuando fui alumno de tercero».
También debéis cerciorarme de cómo va la guerra entre vos y el doctor Juan Reuchlin, pues tengo entendido que ese ribaldo (por doctor y jurista que sea) todavía se niega a retractarse. Y otra cosa: enviéisme de una vez el libro de mastronostro Arnoldo de Tongres, el que compuso por artículos, pues es muy sutil y trata de muchas profundidades en Teología.
Adiós, y no toméis a mal que os escribo con tanta llaneza, pues vos me dijisteis hace mucho que me amáis como hermano, y queréis ayudarme en todo, incluso si debierais concederme mucho dinero.
En Leipzig.
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Epistolae Obscurorum Virorum -- Cartas de Desconocidos
Edición texto latino y traducción, introducción y notas de Jesús Moya
Universidad de Málaga, 2009 (Anejo Nº 70 de Analecta Malacitana), 564 pág.


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